Cultura económica e ideología en sociosemiosis

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RESUMEN
Hoy la cultura constituye la punta de lanza invisible de la globalización neoliberal, envuelta en celofanes de mercancías, imágenes y tecnologías llegan las ambiciones imperiales con sus máscaras de valores y patrones supuestamente universales, con los cuales mucha gente construye su visión del mundo y proyectos de vida. Pretender pensar a un tiempo la cultura económica y la semiosis social, puede ser muy controversial. No está lejos de mi intención, si se produce una controversia a partir de las ideas no acabadas que expresaré en este trabajo el cual tiene por objetivo: valorar la dimensión significante de los procesos económicos y sus implicaciones en la formación de la cultura económica. El trabajo aborda ideas esenciales para el análisis de la producción de significados que emergen de la actividad económica y sus implicaciones ideológicas.

Palabras claves:
• Cultura económica.
• Ideología.
• Semiosis social.

Taller: Semiótica de la cultura.

ECONOMIC CULTURE AND IDEOLOGY IN SOCIAL SEMIOSIS

SUMMARY
Today the culture constitutes the tip of invisible lance of the neoliberal globalization, wrapped in cellophane of goods, images and technologies arrive the imperial ambitions with their masks of values and supposedly universal patterns, with which a lot of people build her vision of the world and projects of life. To seek to think the economic culture and the social semiosis at the same time, it can be very controversial. Not it is far from my intention, if a controversy takes place starting from the non-completed ideas that I will express in this work which has for objective: to value the significant dimension of the economic processes and their implications in the formation of the economic culture. The work approaches essential ideas for the analysis of the production of meanings that emerge of the economic activity and its ideological implications.

Key words:
• Economic culture.
• Ideology.
• Social Semiosis.

La Semiótica es la ciencia que se encarga de los procesos de significación y producción del signo, y su campo abre un abanico en la polisemia del signo, lo cual permite una interpretación crítica y continúa de los procesos semióticos, uno de los pliegues de este abanico es la semiótica social o teoría de los discursos sociales, que se plantea un conjunto de hipótesis sobre los modos de funcionamiento de la semiosis social, entre ellas la dimensión significante de los fenómenos sociales. Su estudio, por lo tanto, es el análisis de dichos fenómenos en tanto procesos de producción de sentido.

Encontramos en varios autores que hacen algunas sistematizaciones en torno a la cuestión de lo ideológico: Umberto Eco (1972), Pierre Guiraud (1979), Roland Barthes (1990) (2003), Catherine Kerbrat-Orecchioni (1983) y Eliseo Verón (1997).

El análisis semiótico de lo ideológico en la expresión de Umberto Eco acerca del significado como unidad cultural, reconoce que cuando la experiencia se ha socializado, cuando las experiencias de vida han sido codificadas, el dato cultural pasa a ser un elemento del sistema semántico y la semiótica los reconoce. La experiencia adquirida, la cultura, en este punto, deja de ser un residuo extrasemiótico y los elementos de la ideología, entendida como cultura, “pueden ser descritos por el sistema de lenguaje” (Eco; 1972: 185).

Las ideologías (económica, política, moral, filosófica, jurídica, científica, artística y religiosa), fijan las pautas de la proyección social a corto y largo plazo. Ellas producen y reproducen un sistema de códigos presentes en el movimiento interno y dinámico de las relaciones del ser humano con la naturaleza, la sociedad y consigo mismo que pueden ser percibidos como signos.

El enfoque semiótico de la cultura Lotman (1979), la considera un macro-sistema semiótico-axiológico que permite al ser humano: comunicarse consigo mismo (auto-comunicación); compartir valores con los demás; establecer una relación valorativa con la Naturaleza; analizar valores de etapas precedentes de la cultura y diseñar valores para el futuro. Donde la semiosis axiológica (comunicación de valores) es el proceso central de cohesión en la sociedad como macro-sistema complejo y evolutivo. Está claro que la cultura es un subsistema de la sociedad. Pero como analizamos con anterioridad ella parte de las experiencias, por tanto, la comunicación de valores solo puede ocurrir en su articulación con la praxis y el conocimiento.

Hoy la cultura desempeña un papel esencial en la sociedad. Desde la segunda mitad del siglo XX se profundiza la universalización de la cultura industrializada y mediática que estimula la comercialización de la cultura desde la división social del trabajo aumentando los conflictos que genera la industria cultural en cuanto a la complementariedad entre creación, producción y consumo. La cultura es un sistema complejo, que media todo lo producido por la sociedad, en sus múltiples dimensiones que la diversifican y al mismo tiempo, unifica lo diverso en el quehacer teórico – práctico del ser humano, donde los saberes se integran para la semiosis axiológica mediante un continuo proceso de producción de significados que a la vez son resultados de ella.

En esta relación ideología – cultura, la economía es una mediación. Hoy existe un movimiento recíproco a través del cual la cultura se articula con la economía, desde el creciente desarrollo de la industria cultural que poco a poco se ha convertido en un bastión del crecimiento económico, donde los potenciales simbólicos se producen por medio de la espectacularización de la economía; o sea, que la vinculación que los procesos de mercantilización contemporáneos establecen con el registro mediático de lo visual, se realiza por la vía de la propaganda comercial y la publicidad, apoyadas en el “atractivo formal de los productos”.

Cuando Marx señaló: “la nueva era ya una hija de los tiempos en los que el dinero es la potencia de las potencias” , utiliza una clarísima imagen metafórica para referirse a la naciente sociedad capitalista, donde el dinero domina hasta lo innominable, hoy la mercancía como “célula económica de la sociedad burguesa” , abrasa la espectacularidad asociada a su apariencia, a su conversión en estímulo dirigido a provocar los deseos del consumidor, lo cual demuestra la vigencia de esta idea de Marx y condujo a que Guy Debord en 1967 planteara que la sociedad se ha convertido en espectáculo en virtud del desarrollo de sus leyes económicas se ha hecho “espectaculista”. “El espectáculo somete a los hombres vivos en la medida que la economía les ha sometido totalmente. No es más que la economía desarrollándose por sí misma”.

Por supuesto, cuando todos estos elementos se articulan pasan a formar parte de la tecnología para controlar el comportamiento de las personas: la manipulación como programa de opiniones y aspiraciones de las masas, de su estado de ánimo y hasta de su estado psíquico con el fin de garantizar el comportamiento que precisan los poseedores de los medios. Según Serguei Kara-Murza (2014), “la manipulación es el método de dominio por la influencia espiritual sobre las personas, mediante la programación de su comportamiento. Esta influencia está dirigida a las estructuras psíquicas humanas, se realiza de forma encubierta y su finalidad es cambiar opiniones, motivaciones y metas de las personas en la dirección que precisa el poder”. Hoy “la manipulación de la conciencia se ha convertido en tecnología del poder”

De ahí la importancia de estar alertas y de desarrollar la capacidad de decodificar mensajes, las personas diestras, encuentran de forma inmediata

Los anuncios y las marcas comerciales basadas en la fuerza mágica de los estereotipos: conjunto estable de representaciones conformadas en la conciencia tanto por la experiencia personal como por los medios de comunicación, la reiteración de las palabras y las imágenes crea la representación estereotipada de la calidad de alguna cosa, lo cual se introduce en el inconciente y provoca el deseo de obtenerla, incluso es frecuente la producción de copias o imitaciones de marcas. La asociación economía-imagen que potencia “el poder de las marcas” que es al mismo tiempo “el poder simbólico”, desbordan lo económico. Los códigos publicitarios, funcionan tanto sobre el registro verbal como sobre el visual y la función del primero es fijar el mensaje.

La ideología evocada por los mensajes publicitarios es siempre, para concluir en el consumo. El placentero, divertido y deleitante consumo, es parte del ciclo productivo, de la satisfacción de las necesidades. Si bien, el consumo es una operación cotidiana e imprescindible, ligada a la producción material y espiritual de los seres humanos, a su desarrollo vital; cuando éste se produce a través de una larga publicidad que lleva a la compra de productos no necesarios y rápidamente sustituibles por otros, igualmente innecesarios y poco perdurables, con el fin de mantener la producción.

Cuando el hecho de consumir se torna insaciable y se experimenta un éxtasis consumista que aplasta la esencia humana y provoca la enajenación del trabajo, entonces estamos en presencia del consumismo, propio del capitalismo, destinado a actuar como mecanismo de sostenimiento de una actividad productiva creciente, una sociedad consumista que proyecta un conjunto de imaginarios, signos y símbolos, mitos que están determinados por las condiciones que la sociedad del mercado provee a través de sus diversos mecanismos de publicidad y promoción.

Ahora la alienación no se centra exclusivamente en el tiempo de trabajo, sino que es abarcadora de toda la existencia humana, incluido su tiempo de ocio, como ya había planteado W. Adorno (1969) en su Teoría estética cuando trabaja en la ideología del hobby u «ocupación del tiempo libre», organizado con fines de lucro.

El tiempo libre, en la sociedad global contemporánea está predestinado al consumo de imágenes espectaculares. Así lo ilustra el filósofo cubano J.R. Fabelo “…de la colonización del ocio, de la banalización del espíritu y de la extensión a todas partes de una y la misma seudo-cultura, se extrae ahora buena parte de la plusvalía global, al tiempo que el obrero, el trabajador, el subalterno, se ha convertido en espectador pasivo de su propia enajenación… El espectáculo responde al sistema instituido de valores, es el modo en que oficialmente la sociedad debe ser vista”.

De lo analizado se desprende que en las nuevas condiciones es imprescindible la formación de una cultura económica que contribuya a un proyecto de vida lleno de sentido, plenamente racional y al mismo tiempo emocional que haga frente al consumismo y la propaganda de la codicia, a la autodestrucción y a la depredación del medio ambiente, que dignifique el trabajo como valor, que eduque y discipline los deseos para la toma de decisiones y la capacidad de elegir, para adquirir las competencias emocionales que les permita escapar de la seducción y la manipulación de la conciencia que el poder monopólico-mediático impone a la sociedad actual.

Por otra parte, en la relación cultura-ideología, las vivencias son también mediaciones para descifrar un determinado mensaje se identifica siempre con una determinada connotación (bienestar) y es utilizado siempre de la misma manera. Aquí, la conexión entre el significante y la idea de bienestar se convierte en un símbolo y actúa metafóricamente. Es decir, se convierte en un artificio retórico.

Cuando esto sucede, todos los acontecimientos denotados por esa figura retórica asumen una connotación optimista y en nuestra asociación del mensaje con el subcódigo (bienestar) rechazamos cualquier connotación pesimista. El uso de la connotación optimista, entonces, convierte al mensaje en un instrumento ideológico que logra ocultar las otras relaciones.

En fin, es significativo aquello que produce bienestar, satisfacción ya sea material o espiritual, por ello, las condiciones de vida en su estrecha relación con la apropiación de la cultura, su transformación y reconstrucción, desempeñan un papel esencial en la realización de toda actividad ideológica con vistas a lograr que el mensaje como instrumento ideológico alcance una connotación optimista y se convierta en retórica. La retórica es, para Eco, un arte de la persuasión que actúa en la mayor parte de las relaciones de comunicación. En última instancia, sirve para impulsar a un oyente a prestar atención a lo que se dice.

Este artificio oscila permanentemente entre la redundancia y la información. Si por un lado tiende a llamar la atención de un oyente para convencerlo de algo que todavía ignora y de manera informativa, por el otro esto se obtiene a partir de algo que el oyente ya sabe y quiere. Esta contradicción se resuelve entendiendo la retórica a la vez como una técnica generativa y como un depósito de técnicas argumentales ya comprobadas. Por lo que la argumentación de los hechos y fenómenos sociales desempeña un papel esencial en la actividad ideológica.

Maestros de este son José Martí y Fidel Castro; por ejemplo, en “Tres héroes”, narración histórica con un enfoque didáctico, José Martí utiliza el método persuasivo mediante la reiteración de los valores morales que considera esenciales en la formación de la personalidad: hombre honrado (aparece 7 veces en el texto), decoro (aparece 6 veces) y libertad (aparece 7 veces). Así, la extensión de los discursos de Fidel de 1959 al 2006, se debe entre otras cosas a la utilización del método persuasivo para hacer comprender desde el punto de vista ideológico la realidad.

Una mirada psicológica de estos aspectos la encontramos también en la psicología dialéctico materialista “(…) las formas superiores de la conducta abarcan dos grupos de fenómenos, que a primera vista, parecen por completo heterogéneos, pero que de hecho representan dos ramificaciones fundamentales, entrelazados de modo inseparable, pero que no se fusionan nunca en una sola entidad. En primer lugar, dicho concepto se halla constituido por los procesos de dominio de los medios externos del desarrollo cultural y del pensamiento: el idioma, la escritura, el cálculo, el dibujo; en segundo lugar, está constituido por los procesos de desarrollo, no limitados ni determinados de ninguna forma precisa. Unos y otros, tomados en conjunto conforman el proceso de desarrollo del niño”. (Vigotski, 1987: 32).

Esta concepción argumenta la premisa que fundamenta el dominio de los medios externos del desarrollo cultural en la actividad mental. Vigotski establece cierta analogía entre la palabra y el arte, y refiere que la palabra se analiza de la misma forma que una escultura, la cual tienen en primer lugar, una forma externa, en segundo lugar una imagen interna y en tercero, el significado, y plantea que esta imagen interna se ha olvidado y se ha sustituido por el significado de la palabra, y manifiesta que esta imagen interna varía y es la que permite que se convierta en signo.

Por otra parte para U. Eco (1972), la retórica, suscita emociones que deben ser catalogadas dentro de los sistemas de signos, ya que una de las funciones de los signos es provocar emociones. Estos fenómenos son de interés en tanto que pueden ser “codificados siguiendo determinadas convenciones históricas y sociales” (Eco; 1972:204).

Por lo tanto, las fórmulas retóricas, remiten a posiciones ideológicas. Por ejemplo: la fórmula retórica defensa del mundo libre o lucha contra el terrorismo muy ligada a la posición política de Estados Unidos y sus visiones ideológicas posibilita la construcción de un código de manipulación ideológica de la opinión pública mundial y del pueblo norteamericano en función de la cada vez más feroz carrera belicista.

La misma operación podría efectuarse con una fórmula políticamente diferente como: salvar la patria, la revolución y las conquistas del socialismo que contribuyó a la resistencia del pueblo cubano en los años más duros del período especial (década de 1990). Por lo tanto, es individualizando estos códigos que la semiótica “resulta estar por debajo (o, por encima) del universo de los significantes y de sus significados más comunes y se mueve en el universo de las ideologías, que se reflejan en los modos preconstituidos del lenguaje” (Eco; 1972:205).

Por lo tanto, es importante tener en cuenta que existe una unidad dialéctica entre retórica e ideología, “cierta manera de utilizar el lenguaje se identifica con determinada manera de pensar la sociedad” (Eco; 1972:205), las expectativas ideológicas se pueden alterar si se alteran los sistemas de expectativas retóricos y, al mismo tiempo, toda alteración de lo aceptado retóricamente implica dar una nueva dimensión a lo ideológico. Es decir, la subversión de los contenidos corre en paralelo con la de las formas de la expresión. La información modifica los códigos y las ideologías.

Por otro lado, es importante recordar que “un punto de vista ideológico reacciona a su vez sobre la base económica y puede modificarla hasta cierto punto.” (Engels: 1976: 372) Desde esta óptica es válido puntualizar que en los tiempos que corren los registros de la economía se acercan cada vez más a la producción simbólica; o sea, la relación sistémica entre el sistema económico-productivo, en general y el desarrollo de las prácticas culturales y de representación que antes se separaban funcionalmente entre el registro de la producción material, por un lado y el de la producción espiritual por otro, desde una división social del trabajo marcada por la rigidez.

Hoy existe un movimiento recíproco a través del cual la cultura se articula con la economía, desde el creciente desarrollo de la industria cultural que poco a poco se ha convertido en un bastión del crecimiento económico, donde los potenciales simbólicos se producen por medio de la espectacularización de la economía; o sea, que la vinculación que los procesos de mercantilización contemporáneos establecen con el registro mediático de lo visual, se realiza por la vía de la propaganda comercial y la publicidad, apoyadas en el “atractivo formal de los productos”. La asociación economía-imagen técnica que potencia “el poder de las marcas” que es al mismo tiempo “el poder simbólico”, desbordan lo económico. Los códigos publicitarios, funcionan tanto sobre el registro verbal como sobre el visual y la función del primero es fijar el mensaje. La ideología evocada por los mensajes publicitarios es siempre, para concluir en el consumo.

Si bien, el consumo es una operación cotidiana e imprescindible, ligada a la producción material y espiritual de los seres humanos, a su desarrollo vital; cuando éste se produce a través de una larga publicidad que lleva a la compra de productos no necesarios y rápidamente sustituibles por otros, igualmente innecesarios y poco perdurables, con el fin de mantener la producción, cuando el hecho de consumir se torna insaciable y se experimenta un éxtasis consumista que aplasta la esencia humana y provoca la enajenación del trabajo, entonces estamos en precedía del consumismo, propio del capitalismo, destinado a actuar como mecanismo de sostenimiento de una actividad productiva creciente, una sociedad consumista, donde la llamada “cultura del consumo”, no es más que la renovación y reproducción permanente del sistema. Según A. Pino, “la cultura del consumo que debe ser entendida como conjunto de imaginarios, signos y símbolos, mitos que están determinados por las condiciones que la sociedad del mercado provee a través de sus diversos mecanismos de publicidad y promoción”.

Efectivamente, se abren complejas relaciones entre lo económico y lo extra-económico, entendido como el valor atribuido a lo que no tiene precio asignado (la identidad, lo bello, o el sentido de la vida).

El uso de la figura retórica (tropo) en publicidad, entonces, tiene, básicamente, una finalidad estética que convierte en persuasiva y memorable la comunicación. El objetivo del tropo es atraer la atención y hacer más nuevo el argumento que utiliza, persuadir y estimular emotivamente. Pero también su función muchas veces es fáctica, ya que el mensaje dice lo que el lector esperaba para hacerse comprensible.

“Es evidente que todas las buenas razones (…) que damos para justificar nuestros gustos, nuestros deseos, son totalmente irracionales (…) El comercio vende símbolos. Y esos símbolos funcionan a niveles subconscientes e inconscientes totalmente irracionales” (Guiraud; 1979:130).
El afán de consumo es uno de los problemas ideológicos más frecuentes en la sociedad contemporánea, fabricado por las grandes empresas productoras mediante la creación de necesidades artificiales, problema este que no es ajeno a la sociedad cubana actual y que merece nuestra atención desde la educación.

De acuerdo con el objetivo propuesto, es pertinente además tener en consideración algunas ideas referente a la relación connotación – ideología desde una mirada semiótica. Existen diversos criterios al respecto para algunos existe una unidad entre denotación y connotación en el lenguaje semántico que se expresa en la ideología, para otros solo la connotación permite la valoración ideológica de los símbolos.

Se consideran valioso para este trabajo las idea de Umberto Eco (1972), quien entiende a la denotación como “la referencia inmediata que el código asigna a un término en una cultura determinada” (Eco; 1972:110) y la connotación, como “el conjunto de todas las unidades culturales que una definición intencional del significante puede poner en juego; y por lo tanto, es la suma de todas las unidades culturales que el significante puede evocar institucionalmente en la mente del destinatario” (Eco; 1972:117) y de Kerbrat-Orecchioni (1983), para ella las connotaciones ideológicas están íntimamente vinculadas con las axiológicas. Éstas, son las unidades lingüísticas que reflejan un juicio de apreciación o desvalorización sobre un objeto denotado, son afines a las connotaciones afectivas y a las emotivas, y resulta complicado descubrir sus efectos.

En cuanto a la organización sintagmática de las connotaciones, la autora dice que los hechos de connotación casi nunca se presentan en forma aislada y que, por lo tanto, “tienden a organizarse en redes y a construir isotopías” (Kerbrat-Orecchioni; 1983: 200). De esta convergencia surge el efecto de sentido.

De este modo, la connotación nunca es un mero hecho de habla, es un concepto extremadamente productivo y omnipresente en el lenguaje cotidiano, funciona como un claro “instrumento de poder gracias a la posibilidad que tienen las clases dirigentes de accionar una variada gama de registros connotativos, en tanto que las clases oprimidas están encerradas, en el nivel de su competencia activa, en un único nivel de lengua que les es familiar” (Kerbrat-Orecchioni; 1983:218). De esta forma, Kerbrat-Orecchioni enumera contenidos connotados que podrían calificarse como de naturaleza ideológica.
– Valores axiológicos: explicitan la actitud valorativa del enunciador.
– Connotaciones estilísticas: toda elección estilística supone una valoración. Independientemente de su contenido, que también puede estar ideologizado, se valoriza la función lúdica del mensaje, la cual no es inocente ideológicamente.
– Ideogramas que se vinculan con denominaciones particulares: revelan la posición que ocupa el enunciador en el tablero político – ideológico.
– Algunas connotaciones asociativas: por ejemplo las metáforas. Pero conviene aclarar que, aunque todas sean interpretativas y subjetivas, no todas son ideológicas.

De acuerdo con esto, se considera que aunque no toda connotación es ideológica, todo valor que se agregue a un sentido normal será un valor connotado y marcará axiológicamente a una determinada palabra. Aunque la convención rige los códigos denotativos y los connotativos y se encuentra en todas partes en el lenguaje, la ideología no se inscribe en los códigos del mismo modo. Por ello, hay que averiguar los lugares y los modos de su inscripción, y estos lugares están tanto en los lenguajes de connotación como de denotación. Incluso inducen a que se tome a esos lugares como verdaderos.

De ahí la necesidad de desenmascarar, en cualquier parte donde se lo encuentre, la naturalización cultural. Lo importante es revelar ante la vista la arbitrariedad de los sistemas de representación, desbloquear los órdenes lingüístico y referencial, y mostrar que el discurso no siempre es análogo perfecto de la realidad.

En los lenguajes de connotación, la costumbre, que convierte lo cultural en natural, es la responsable de la naturalización y de que no veamos la convención denotativa, así la connotación trabaja con los códigos de representación que inciden en la ideología. Es esto lo que ocurre con algunas prácticas cotidianas ilegales que han proliferado en Cuba después de los años 1990.

Por lo tanto, decodificar las connotaciones, implica movilizar las competencias culturales e ideológicas del decodificador.

Por último, sería bueno reflexionar acerca de algunas ideas de Eliseo Verón (1997) que estudia los fenómenos de producción de sentido donde el sujeto ocupa un lugar importante. El pensamiento complejo de este autor lo lleva a no reconocer la distinción base – superestructura realizada por el marxismo. Sin embargo, sabemos Karl Marx y Sigmund Freud constituyen los precursores del análisis contemporáneo. Sin sus respectivas contribuciones no hubiese sido posible los unos niveles conceptuales y temáticos que hoy nos presentan los nuevos saberes (ver Muñoz, B. (2007).

La teoría y el método marxista son, ante todo, un sistema filosófico global sobre la interacción entre ser humano, la naturaleza y la sociedad. Su gran aportación está precisamente en haber descubierto la concepción materialista de la historia y la esencia de la explotación capitalista. Para Marx, la sociedad se organiza como un todo. Marx estableció la primera metodología crítico-histórica adecuada para lograr un estudio ajustado de las superestructuras ideológicas, así como de sus fenómenos interrelacionados.

Para nosotros no es nada nuevo lo planteado por Verón (1997) acerca de la organización semiótica de la sociedad en un entramado de relaciones infinitas de producción de significado social. Sin embargo, de él se asume el análisis semiótico del discurso social que implica tres aspectos fundamentales: producción, circulación, consumo (reconocimiento), donde las condiciones de producción son las determinaciones que dan cuenta de las restricciones/posibilidades que se ponen en juego en la producción de un discurso, las condiciones de reconocimiento son las determinaciones que dan cuenta de las restricciones/posibilidades que permiten recepcionar un discurso y entre unas y otros circula el sentido. La circulación es la diferencia, la distancia que se da entre producción y reconocimiento.

Así como, la lectura diacrónica y sincrónica del texto para decodificar su sentido ideológico a partir de las marcas presentes en la materia significante, las cuales son propiedades significantes cuya relación (con producción o con reconocimiento) no están especificadas. Pero cuando esa relación se establece, se convierten en huellas y tanto una como la otra sirven al analista para proponer una gramática (reglas) a partir de lo que observó en el análisis.

REFLEXIONES FINALES

En tanto la educación tiene determinantes ideológicas que responden a los interese de la clase social en el poder político, el trabajo político – ideológico en el enseñanza – aprendizaje ha de hacerse consciente y planificadamente.

Una regularidad de todo proceso de enseñanza – aprendizaje, independientemente de la asignatura de que se trate, es la intencionalidad política, en esta dirección es necesario tener en cuenta el carácter didáctico del trabajo político ideológico para el logro del efecto deseado en la formación integral de la personalidad.

El trabajo político – ideológico en el proceso de enseñanza – aprendizaje se rige esencialmente por la ley de la Didáctica que expresa la unidad dialéctica: objetivo – contenido – método.

Una mejor utilización de los métodos de trabajo político – ideológico en su integración con los métodos generales de enseñanza – aprendizaje es indispensable para la coherencia y efectividad de la formación ideo política de los estudiantes.

BIBLIOGRAFÍA

Barthes, Roland: “Elementos de semiología”, en La aventura semiológica, Buenos Aires, Paidós. 1990
Cabrera Olga R: Cultura económica y desempeño pedagógico profesional. Editorial Pueblo y Educación. ISBN 978-959-13-1822-0. 2009
Eco, Umberto: La estructura ausente. Introducción a la semiótica. Barcelona, Editorial Lumen. 1972
Fabelo Jose R. El concepto “sociedad del espectáculo” de Guy Debord. En Colectivo de autores: Estética. Enfoques Actuales. Felix Varela, 2005.
Guiraud, Pierre (1979). La semiología, Buenos Aires, Siglo XXI Editores.
Guy Debord: La sociedad del espectáculo. Francia. 1967.
Kara-Murza. La manipulación de la conciencia. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 2014, pp. 37.
Kerbrat-Orecchioni, Catherine: La connotación, Buenos Aires, Hachette. 1983.
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Verón, Eliseo () Semiosis de lo ideológico y del poder, Secretaría de Extensión Universitaria Facultad de Filosofía y Letras Oficina de Publicaciones Ciclo Básico Común, Buenos Aires. 1997.

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